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“Dicen que hay algo que tener…”

miércoles, 21 de noviembre de 2007

“Prendido a tu botella vacía…apretando los dedos, agarrándome, dándole mi vida, a ese para-avalanchas”
Cuanta alegría y cuentas tristezas mudas nos dieron esos para-avalanchas de la cancha del León.
Si le preguntas a algún “viejo” te dirá que en su tiempo no tenían. Que la cancha tenía lona a la vuelta. Que su para-avalanchas era la cerca olímpica a la que se prendían cuando “Goyino” clavaba un tiro libre, o cuando le pegaba el “gaucho Leguizamon”. Los menos viejos contarán que llegaron a ver al maestro Hugo García dirigiendo equipo pesadilla de la prensa y de los “grandes” tucumanos. Tal vez te muestren el gráfico del ascenso al nacional del 80’. Y otros anhelaran volver a vivir esa tarde del 86 cuando demostramos que, si a un león hay que temerle, mucho más a los once que estuvieron en el zarpazo a la B.
Los escalones de nuestro estadio respiran pasión y sueños vividos, hechos carne en tardes de gloria. Te pueden contar de Jorge López, de Caniche Medina, del pato Ibáñez, del capitán Luna, de Guido Aballay, de Castro y su tiro en el palo el día de la Revalida contra las chicas de 25. Fueron tantos los jugadores que pasaron y dejaron sangre, sudor y lágrimas por este club, que bien valen estos casi cien años de historia. De los otros, a los que pesó la casaca, mejor no hablar.
Las tribunas del Ingeniero Jose M. Paz, cada tanto y si las suspensiones lo permiten, se llenan de ilusión. Sus para-avalanchas vuelven a sentir ese éxtasis del grito de aliento de 15, 100, 2000 o 6000, que importa la cantidad, la diferencia la marca el sentir!. Esa cosa que a nosotros, los hinchas del gaucho, nos identifica y nos hace únicos. Gritar un gol como si fuera el último; sufrir una derrota como si fuera un duelo. Será porque sabemos de la grandeza que tenemos y no podemos aprovechar. Será porque sabemos que somos los últimos sobrevivientes a los ataques de Gacetas y CCCs que pretender reducir el fútbol a dos equipos. O tal vez llevemos en la sangre a la banda y a su hijo del corazón. Sea lo que sea, el grito de nuestros abuelos, padres, tíos y amigos siempre fue el mismo: ¡ Vamos Leones!. Vamos leones que podemos! Podemos salir adelante. Si llegamos a tocar fondo en lo institucional y deportivo y no “desaparecimos” como tantos otros clubes es porque gente y aguante nos sobra. Mientras la banda y el este tucumano existan, el rugir del león no se acabará. Con trabajo y con “aguante en las buenas y en las males mucho más” podemos posicionar a nuestro club donde merece, o me van a “empavurar” que florida, concepción futbol club, ñuñorco o blá blá blá son más grandes que el gaucho de la banda.
Según Andrés Calamaro “dicen que hay un mundo de sensaciones”. Le pediría que venga un domingo a la banda, mire a los hinchas del león a los ojos y entenderá que ese mundo de sensaciones se reduce a una camiseta celeste y blanca; sangrada y sufrida, pero querida como ninguna.

Hasta la próxima

ferarias