Corría la década del 50. Sobre calle Estoquín se levantaba una tribuna de madera “oficial” y sobre calle Esquiú, los maderos soportaban los saltos de los hinchas de “conción” en lo que era la general.
En aquella época, el Club Atlético Concepción, ya era amo y señor de la añeja Liga Cultural de Fútbol, sostenido por la cantera inagotable de talentos que era el este tucumano donde, para todos los jugadores era un privilegio y un honor vestir esa casaca (a botones) con bastones blancos y celestes que inflaba el pecho de quien se la “calzaba”.
Pasaban los años, y del estadio de la Av. José María Paz, era difícil, por no decir imposible sacar un buen resultado para el equipo visitante (algo que se repitió a lo largo de estos 98 años). Los simpatizantes vitoreaban a ese equipo que se conocía de memoria y jugaba de memoria también:
“El ruso” Zaneski, “el gaucho” Cevila, y “el negro” Carrizo; “el petiso” Mercado, “el mudo” Véliz, y “el turco” Naciff; “canilla” Gonzalez, “bullito” Aguirre, “el ñato” Lazarte, “piedrita” Agüero y el “Chueco” Silva. Jugadores que dejaban el equipo titular cuando se “jubilaban” porque por rendimiento era complicado que dejarán el puesto. Detrás de estos mounstros venía la “changada” dispuesta y destinada a hacer historia como ellos.
Así, entre los habitantes de la ya populosa y futbolera Banda del Río Salí, se empezó a mencionar a la “Leonada” del Club. Por garra, presencia y juego, la “leonada” transformaba en selva el verde rectángulo donde rodaba la “balona”, en la que ellos eran los reyes y el contrario, la victima de turno. De las tribunas de la cancha que tenía por tapia a una lona que la rodeaba, comenzó a bajar el aliento de la gente con un “vamos la leonada”!. A medida que aparecían los grandes logros deportivos, se fue dando fundamento a este apodo a tal punto que hasta el día de hoy se reconoce al león por ese corazón grande y guerrero forjado por un pueblo apasionado por su club.
Dicen que el nombre marca el carácter y el temple de las personas. Este dicho podemos trasladarlo a “nuestro segundo nombre: los leones”, que confirmó el espíritu de cada uno de los que vistió y viste con respeto esta camiseta, acompañada de una hinchada fiel que en las buenas fue “fiesta” y en las malas fue “aguante”.
A aquellos “leones” que forjaron nuestro apodo y a “todos” los que pasaron por nuestro querido club y entendieron lo que eso significaba, dejando todo cuando les tocó defender su historia, vaya nuestro profundo agradecimiento.
Nada en la vida es casualidad. A vos hincha del Club Atlético Concepción te digo, sentite orgulloso cuando pronuncies esa frase que a más de uno hizo temer “¡Vamos la leonada!” “¡Vamos los Leones!”
Ferarias
En aquella época, el Club Atlético Concepción, ya era amo y señor de la añeja Liga Cultural de Fútbol, sostenido por la cantera inagotable de talentos que era el este tucumano donde, para todos los jugadores era un privilegio y un honor vestir esa casaca (a botones) con bastones blancos y celestes que inflaba el pecho de quien se la “calzaba”.
Pasaban los años, y del estadio de la Av. José María Paz, era difícil, por no decir imposible sacar un buen resultado para el equipo visitante (algo que se repitió a lo largo de estos 98 años). Los simpatizantes vitoreaban a ese equipo que se conocía de memoria y jugaba de memoria también:
“El ruso” Zaneski, “el gaucho” Cevila, y “el negro” Carrizo; “el petiso” Mercado, “el mudo” Véliz, y “el turco” Naciff; “canilla” Gonzalez, “bullito” Aguirre, “el ñato” Lazarte, “piedrita” Agüero y el “Chueco” Silva. Jugadores que dejaban el equipo titular cuando se “jubilaban” porque por rendimiento era complicado que dejarán el puesto. Detrás de estos mounstros venía la “changada” dispuesta y destinada a hacer historia como ellos.
Así, entre los habitantes de la ya populosa y futbolera Banda del Río Salí, se empezó a mencionar a la “Leonada” del Club. Por garra, presencia y juego, la “leonada” transformaba en selva el verde rectángulo donde rodaba la “balona”, en la que ellos eran los reyes y el contrario, la victima de turno. De las tribunas de la cancha que tenía por tapia a una lona que la rodeaba, comenzó a bajar el aliento de la gente con un “vamos la leonada”!. A medida que aparecían los grandes logros deportivos, se fue dando fundamento a este apodo a tal punto que hasta el día de hoy se reconoce al león por ese corazón grande y guerrero forjado por un pueblo apasionado por su club.
Dicen que el nombre marca el carácter y el temple de las personas. Este dicho podemos trasladarlo a “nuestro segundo nombre: los leones”, que confirmó el espíritu de cada uno de los que vistió y viste con respeto esta camiseta, acompañada de una hinchada fiel que en las buenas fue “fiesta” y en las malas fue “aguante”.
A aquellos “leones” que forjaron nuestro apodo y a “todos” los que pasaron por nuestro querido club y entendieron lo que eso significaba, dejando todo cuando les tocó defender su historia, vaya nuestro profundo agradecimiento.
Nada en la vida es casualidad. A vos hincha del Club Atlético Concepción te digo, sentite orgulloso cuando pronuncies esa frase que a más de uno hizo temer “¡Vamos la leonada!” “¡Vamos los Leones!”
Ferarias