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Leones desde la Cuna (origen de una leyenda)

sábado, 29 de diciembre de 2007

Corría la década del 50. Sobre calle Estoquín se levantaba una tribuna de madera “oficial” y sobre calle Esquiú, los maderos soportaban los saltos de los hinchas de “conción” en lo que era la general.
En aquella época, el Club Atlético Concepción, ya era amo y señor de la añeja Liga Cultural de Fútbol, sostenido por la cantera inagotable de talentos que era el este tucumano donde, para todos los jugadores era un privilegio y un honor vestir esa casaca (a botones) con bastones blancos y celestes que inflaba el pecho de quien se la “calzaba”.
Pasaban los años, y del estadio de la Av. José María Paz, era difícil, por no decir imposible sacar un buen resultado para el equipo visitante (algo que se repitió a lo largo de estos 98 años). Los simpatizantes vitoreaban a ese equipo que se conocía de memoria y jugaba de memoria también:
“El ruso” Zaneski, “el gaucho” Cevila, y “el negro” Carrizo; “el petiso” Mercado, “el mudo” Véliz, y “el turco” Naciff; “canilla” Gonzalez, “bullito” Aguirre, “el ñato” Lazarte, “piedrita” Agüero y el “Chueco” Silva. Jugadores que dejaban el equipo titular cuando se “jubilaban” porque por rendimiento era complicado que dejarán el puesto. Detrás de estos mounstros venía la “changada” dispuesta y destinada a hacer historia como ellos.
Así, entre los habitantes de la ya populosa y futbolera Banda del Río Salí, se empezó a mencionar a la “Leonada” del Club. Por garra, presencia y juego, la “leonada” transformaba en selva el verde rectángulo donde rodaba la “balona”, en la que ellos eran los reyes y el contrario, la victima de turno. De las tribunas de la cancha que tenía por tapia a una lona que la rodeaba, comenzó a bajar el aliento de la gente con un “vamos la leonada”!. A medida que aparecían los grandes logros deportivos, se fue dando fundamento a este apodo a tal punto que hasta el día de hoy se reconoce al león por ese corazón grande y guerrero forjado por un pueblo apasionado por su club.
Dicen que el nombre marca el carácter y el temple de las personas. Este dicho podemos trasladarlo a “nuestro segundo nombre: los leones”, que confirmó el espíritu de cada uno de los que vistió y viste con respeto esta camiseta, acompañada de una hinchada fiel que en las buenas fue “fiesta” y en las malas fue “aguante”.
A aquellos “leones” que forjaron nuestro apodo y a “todos” los que pasaron por nuestro querido club y entendieron lo que eso significaba, dejando todo cuando les tocó defender su historia, vaya nuestro profundo agradecimiento.
Nada en la vida es casualidad. A vos hincha del Club Atlético Concepción te digo, sentite orgulloso cuando pronuncies esa frase que a más de uno hizo temer “¡Vamos la leonada!” “¡Vamos los Leones!”

Ferarias

El rebelde (y su lucha)

martes, 11 de diciembre de 2007

Las callecitas de la Banda tienen ese no se qué…viste? Pasean por ellas todo tipo de especimenes, estudiantes, obreros, empleados, feriantes, planes trabajar, comerciantes; como en otros tantos lugares del país. Sin embargo, las calles de la República de la Banda guardan un cierto aire de rebeldía. Cuentan entre sus historias vividas, horas de confusión como fueron los saqueos del 2001, historias de luchas de obreros de ingenio y de empleados municipales y de desocupados con la obligación de llevar pan a sus mesas. Más de una persona (que No Vivió en la Banda) dijo con algo de soberbia en su voz, que cuando se cruza el puente hacia el este la “cosa cambia”. Como si se estuviera entrando al mundo de lo desconocido y peligroso. Otra persona (que Si Vivió en la Banda) le contestó: no se ama lo que no se conoce.
Y si las calles guardan rebeldía es porque la caminan rebeldes. Seres que se rebelan a un mundo globalizado y que buscan su propia identidad. Esa identidad que pueden llevar a cualquier parte del mundo y los hace sentirse simplemente bandeños, con virtudes y defectos, pero con un sentimiento de pertenencia a la ciudad, que lo distinga del resto.
Y…que quieren que les diga muchachos, todos sabemos que el distintivo de esa rebeldía bandeña fué, es y será el León. Este club casi centenario bien resume esa identidad buscada, encontrada y algunas veces rechazada del ser de “la banda”.
El Atlético Concepción fue rebelde casi desde su fundación. Cuando se cansó de ganar en la vieja liga cultural, se rebeló y cruzó el charco de agua que separa a los de la “ciudá” y a los “gauchos”. Tuvo que jugar (y ganar) en la “B” para poder tener el “derecho de jugar” en la capital, y cuando menos se lo esperaban estaba levantando trofeos en las narices de los “Pitucos” de la liga capitalina.
Con el transcurso de los años y hazañas nacionales concretadas por muchachos como los que hoy le están poniendo el pecho a la pobreza económica e institucional, el club fue ganándose el mote de equipo difícil de ganar porque, cuando juega mal, pone más garra todavía. Esa garra que se deja sentir cuando le preguntan a un hincha de que club simpatiza y este le contesta: de “Los Leones!” y le vuelven a preguntar (esperando escuchar otra respuesta): de quien más? Y él responde: de los leones!.
Argumentos tiene para esa respuesta este hincha y dice: Como no ser del león! Si nací en la Banda, me críe escuchando las jornadas de gloria contadas por mis mayores, con mis amigos del barrio me abracé en cada gol gritado en la tribuna y también contuve la bronca por cada fracaso, me sentí local en la cancha donde fui. No me hizo falta prensa para agrandar mi sentimiento, solo fui al estadio y miré a mis vecinos de ciudad alentar a once jugadores vestidos de celeste y blanco, que se transformaban en once leones defendiendo los colores de lo que para algunos puede ser un absurdo, pero que para mí y para otros, esos que caminan las calles de la Banda, es el resumen de la identidad de este pueblo y su club, la rebeldía.

Ferarias