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Fabricantes de ilusiones

sábado, 19 de abril de 2008

-Podríamos comenzar estas líneas detallando punto por punto informes y descargos, fallos, consecuencias etc. etc. etc.; pero de estos temas ya se habló demasiado. Los cómo, los porqué y los cuándo deberán ser revisados para que no vuelvan a suceder hechos de esta naturaleza.
Pero, así como no se puede tapar el sol con la mano, mucho menos se podrá obviar la grandeza de este club, el Atlético Concepción. Casi de voz en voz circulan los comentarios que nadie o casi nadie quiso publicar o mostrar: vieron la gente del gaucho el domingo?. Éramos una banda! Dicen algunos. Despertó el león, dicen otros. Lo cierto es que en las tribunas se vivió un ambiente especial. El partido demoraba en comenzar y la gente seguía ahí, con el pecho inflado, como queriendo decir: aquí estoy león; vos me necesitas hoy y hoy estoy con vos. Como sucede con esos amigos que el tiempo lleva pero cuando se los necesita aparecen, la gente se reconcilió con su pasión celeste y blanca. El grito de aliento hacía pensar que iban 15 minutos del primer tiempo y se iba ganando 2 a 0. Sin embargo el verde rectángulo estaba vacío, los actores no salían a jugar, pero la fiesta seguía: la hinchada rendía tributo a la historia y a este club. Cantaba y alentaba a los leones deseosos de saltar al verde césped y también a aquellos que pasaron por esta institución y que hoy no están. Le cantaba a aquellos que quisieron matar esta ilusión, también a aquellos que siempre estuvieron. Desde Jujuy, Buenos Aires, Córdoba, Catamarca, Rio Negro y de tantas otras tierras llegaban gritos de aliento a este templo de sueños, haciendo rugir al león.
Tanta alegría desatada era impensada tiempo atrás, donde la incertidumbre reinaba y el futuro era sombrío. Desde ese inicio al día de hoy pasaron muchas cosas que algunos podrán llamar fortuitas, pero que otros llamarán “destino”. Un grupo de jugadores se juramentó salir adelante a pesar de las adversidades y, junto con su cuerpo técnico, hicieron oídos sordos a la ruidosa carencia de medios para trabajar. Solo ellos y su orgullo saben lo que tuvieron que pasar para poder realizar sus sueños de grandeza. Poco a poco se superaron obstáculos hasta que llegaron a tener el firme convencimiento de que la gloria está cerca, y estos leones no la quieren dejar escapar. Como obreros de una fábrica de ilusiones, estos muchachos echaron a andar la maquina que le da vida a toda una ciudad, su club. Gracias a su temple frente a las adversidades, todo un pueblo se subió a su “ilusión super- sports” (como dice el tango), para acompañarlos en este viaje con destino a la hazaña. A ellos la historia les reserva un lugar; y los hinchas, aquellos que tienen un mundo celeste y blanco en sus corazones, empujarán con su aliento para que esta ilusión sea realidad. Ojalá Dios premie el esfuerzo de unos y la fidelidad de otros.

Ferarias

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